Qué es el algodoncillo del olivar y cómo prevenirlo
El algodoncillo del olivar (Euphyllura olivina) es una de las plagas que más ha crecido en incidencia en los olivares andaluces durante los últimos años. Aunque históricamente se consideraba una plaga secundaria, las condiciones climáticas recientes —inviernos suaves y primaveras húmedas— han favorecido su proliferación, afectando ya a más de 10.500 hectáreas en Andalucía con niveles de infestación preocupantes. Conocer bien este insecto es el primer paso para proteger tu cosecha.
¿Qué es el algodoncillo del olivar?
El algodoncillo del olivar es un insecto perteneciente al orden Hemiptera, familia Psyllidae, conocido científicamente como Euphyllura olivina. Se trata de un pequeño insecto chupador, emparentado con los pulgones, que afecta específicamente al olivo (Olea europaea), tanto cultivado como silvestre (acebuche), aunque también puede aparecer en labiérnago de hoja ancha (Phillyrea latifolia) y árbol del paraíso (Elaeagnus angustifolia).
Su nombre popular —algodoncillo— hace referencia al síntoma más visible de su presencia: las masas algodonosas blancas que producen las ninfas para protegerse. Esta borra cérea, característica e inconfundible, recubre brotes, yemas e inflorescencias, y es la primera señal de alerta que debe buscar cualquier olivicultor.
- Nombre científico: Euphyllura olivina (Cockerell, 1900)
- Orden / Familia: Hemiptera · Psyllidae (psílidos)
- Tamaño adulto: 2–3 mm; color verde claro a amarillento, alas transparentes plegadas en tejadillo
- Ninfas: Verde claro, sin alas; producen filamentos cerosos blancos que les dan aspecto algodonoso
- Cultivos afectados: Olivo, acebuche, labiérnago, árbol del paraíso
- Tipo de daño: Insecto picador-chupador de savia
- Categoría fitosanitaria: Plaga secundaria (potencialmente primaria en condiciones favorables)
Ciclo biológico: cuándo y cómo actúa
Entender el ciclo de vida de Euphyllura olivina es esencial para saber cuándo intervenir. El insecto adulto inverna al abrigo de las hojas, axilas y yemas del olivo. Al llegar la primavera, con el inicio de la actividad vegetativa del árbol, comienza el ciclo activo de la plaga.
| Período | Estado del insecto | Actividad principal | Riesgo para el cultivo |
|---|---|---|---|
| Invierno | Adulto en diapausa | Refugio en yemas y axilas | Bajo |
| Primavera temprana | Adultos activos + huevos | Puesta en yemas y brotes jóvenes | Moderado |
| Floración (abril–mayo) | Ninfas 1.ª generación | Colonización de inflorescencias; producción de masa algodonosa | Muy alto |
| Verano | 2.ª generación | Actividad reducida por altas temperaturas | Bajo–moderado |
| Otoño | 3.ª generación (posible) | Recolonización de brotes otoñales | Moderado |
Según la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), el número de generaciones anuales oscila entre dos y tres, aunque algunos autores describen hasta cuatro generaciones en años con climatología muy favorable. El impacto sobre la cosecha depende más de la sincronía con el estado fenológico del olivo que del número total de generaciones: el período crítico coincide con la floración y el cuajado del fruto.
Síntomas y daños: cómo reconocer la infestación
Síntomas visuales
El síntoma más característico y fácilmente reconocible es la aparición de masas algodonosas blancas en brotes, hojas e inflorescencias. Esta borra protectora, secretada por las ninfas, tiene una textura similar al algodón y puede llegar a recubrir completamente los racimos florales en infestaciones graves.
Junto a las masas algodonosas, es frecuente observar una sustancia pegajosa (melaza) sobre hojas y ramas, producida como subproducto de la alimentación de las ninfas. Esta melaza tiene consecuencias secundarias importantes.
Daños directos
Las ninfas de Euphyllura olivina se alimentan succionando la savia de los tejidos tiernos del olivo. Este daño directo provoca:
- Debilitamiento y distorsión de brotes jóvenes
- Caída prematura de botones florales en infestaciones intensas
- Reducción del cuajado de frutos, con impacto directo en el rendimiento
- Mayor vulnerabilidad del árbol a otros agentes patógenos
Daños indirectos
La melaza secretada por las ninfas favorece el desarrollo del hongo fumagina (Capnodium oleaginum), que recubre las hojas con una capa negra y reduce la capacidad fotosintética del árbol. Además, la melaza atrae hormigas que actúan como guardianas de la colonia, protegiendo a las ninfas de sus enemigos naturales y dificultando el control biológico.
«En la mayoría de los olivares adultos bien manejados, el daño suele ser más estético que productivo, aunque la situación puede ser más seria en olivares jóvenes, en sistemas superintensivos o en años con primaveras húmedas y templadas.»Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF) · Consejería de Agricultura, Junta de Andalucía
¿Qué favorece la proliferación del algodoncillo?
El desarrollo de esta plaga no es aleatorio. La RAIF ha identificado con precisión las condiciones que favorecen su explosión poblacional:
Las condiciones óptimas de desarrollo se sitúan entre 15 y 25 °C. Los inviernos cada vez menos fríos en Andalucía facilitan la supervivencia de adultos.
Las primaveras húmedas crean un microclima ideal para el desarrollo de las ninfas y aumentan la disponibilidad de tejido tierno.
Árboles con abonado o riego intensivos producen más brotes tiernos, que son el alimento y hábitat preferido por el psílido.
El uso excesivo e indiscriminado de insecticidas, especialmente piretroides, elimina la fauna auxiliar que regula las poblaciones del algodoncillo.
Umbral de intervención: cuándo actuar
Antes de aplicar cualquier tratamiento, es imprescindible cuantificar la infestación. El Consejo Oleícola Internacional (COI), respaldado por la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, ha establecido los siguientes criterios técnicos:
Se recomienda actuar cuando se supere más de 2 ninfas por inflorescencia o cuando el 60% o más de los botones florales presenten masa algodonosa. El momento óptimo de tratamiento es la fase de botón floral, al inicio de la floración. Nunca en plena floración, para no perjudicar a los polinizadores.
En parcelas bajo régimen de Producción Integrada, es obligatorio notificar a la Delegación Territorial correspondiente de la Consejería de Agricultura antes de realizar cualquier tratamiento fitosanitario contra esta plaga.
Cómo prevenir y controlar el algodoncillo del olivar
El manejo del algodoncillo debe abordarse desde una perspectiva de Gestión Integrada de Plagas (GIP), combinando medidas preventivas, control biológico y, solo como último recurso, intervención química. Este enfoque es el que establecen tanto la normativa europea como el régimen de Producción Integrada.
1. Medidas culturales (prevención)
Son la primera línea de actuación y su cumplimiento es obligatorio en Producción Integrada:
- Poda equilibrada: Una poda adecuada, con apertura de copa y ventilación, reduce la formación de brotes tiernos muy atractivos para el psílido. Las podas de verano y otoño-invierno facilitan la aireación del árbol.
- Fertilización moderada: Evitar el exceso de nitrógeno, que genera un tejido excesivamente suculento y favorece la multiplicación de la plaga.
- Gestión racional del riego: El riego excesivo contribuye a crear las condiciones de humedad y vigor que favorecen al algodoncillo.
- Eliminación de varetas y chupones: Reducen los focos de infestación y mejoran la circulación de aire en el árbol.
2. Control biológico
El algodoncillo cuenta con una red de enemigos naturales eficaces que, en condiciones normales, son capaces de mantener sus poblaciones por debajo del umbral de daño económico. Los principales son:
- Depredadores: Chrysoperla carnea (crisopa verde), Anthocoris nemoralis (chinche depredadora)
- Parasitoides: Alloxysta eleaphila y Psyllaephagus euphyllura
- Otros depredadores generalistas: mariquitas (Coccinellidae), arañas y otros artrópodos auxiliares
La conservación de esta fauna auxiliar es fundamental. Los tratamientos con piretroides contra otras plagas del olivar son una de las principales causas del desequilibrio ecológico que ha convertido al algodoncillo en una plaga emergente.
3. Control químico (último recurso)
Solo debe considerarse cuando el muestreo técnico confirme que se han superado los umbrales de intervención establecidos. Aspectos clave:
- Utilizar únicamente productos registrados en el Registro de Productos Fitosanitarios del MAPA para uso en olivar
- Aplicar al inicio de la floración (fase de botón floral), nunca en plena floración
- Priorizar materias activas respetuosas con la fauna auxiliar (por ejemplo, piretrinas naturales) frente a piretroides sintéticos
- El jabón potásico puede ser un complemento ecológico para dificultar el desarrollo de las ninfas
- En casos de cobertura algodonosa densa, usar coadyuvantes oleosos que disuelvan la borra protectora y mejoren la penetración del insecticida
Poda, fertilización moderada y gestión del riego. Primera línea obligatoria en Producción Integrada.
Conservar y favorecer crisopas, mariquitas y parasitoides. Evitar tratamientos que eliminen la fauna auxiliar.
Solo si se superan los umbrales técnicos. Con productos registrados y fuera de la plena floración.
Importancia del seguimiento técnico
La RAIF subraya que el técnico agrícola debe realizar un seguimiento periódico de brotes e inflorescencias para valorar la evolución de la plaga y la eficacia de las medidas adoptadas. Este seguimiento es especialmente crítico en los meses de marzo, abril y mayo, cuando se produce la primera generación primaveral coincidente con la floración del olivo.
En el marco del Cuaderno Digital de Explotación, los tratamientos aplicados contra el algodoncillo deben quedar debidamente registrados, incluyendo la justificación técnica basada en el muestreo y la superación de umbrales. Esta trazabilidad es un requisito legal para los olivicultores acogidos a Producción Integrada y una buena práctica para todos los demás.
Conclusión: conocimiento y prevención, la mejor defensa
El algodoncillo del olivar (Euphyllura olivina) ha dejado de ser una curiosidad menor para convertirse en una amenaza real en muchos olivares andaluces. El cambio climático, con primaveras más cálidas y húmedas, y el uso excesivo de insecticidas que desequilibra los ecosistemas del olivar, son factores que han impulsado su auge.
Sin embargo, con un manejo agronómico equilibrado —poda adecuada, fertilización racional, conservación de fauna auxiliar y vigilancia técnica— la mayoría de las infestaciones pueden mantenerse en niveles tolerables sin necesidad de intervenir con químicos. La clave está en la observación, el conocimiento de los umbrales técnicos y la aplicación coherente de los principios de la Gestión Integrada de Plagas.

