Os presentamos a nuestra Embajadora del 𝗔𝗰𝗲𝗶𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗢𝗹𝗶𝘃𝗮 𝗩𝗶𝗿𝗴𝗲𝗻 𝗘𝘅𝘁𝗿𝗮 del mes de octubre: María Fernanda García López, responsable del panel de cata de Oleoestepa S.C.A.
Hablar de María es hablar de una mujer trabajadora, humilde y con esa generosidad discreta de quien siempre tiene un gesto dispuesto para ayudar a los demás. Tras más de dos décadas volcada por entero al control de calidad, su labor en el laboratorio combina un rigor técnico impecable con un profundo cariño por lo que hace. Para ella, el mundo del aceite de oliva no es solo una profesión, sino una extensión natural de sus propias raíces y un homenaje permanente a sus vivencias familiares: “El aceite de oliva virgen representa mis orígenes, el recuerdo de mi abuela, su vínculo con la tierra y una trayectoria profesional y personal de más de veinte años en este sector”, nos explica.
Desde el laboratorio y el panel de cata de Oleoestepa, María Fernanda ha sido testigo de la evolución de este análisis: “Ha sido una transformación constante; el análisis sensorial del aceite ha ido adquiriendo cada vez más relevancia como herramienta fundamental para evaluar la calidad, con una mayor exigencia en la identificación de sus atributos positivos y posibles defectos”.
Detrás de cada veredicto del panel de cata hay una labor minuciosa donde el factor humano y la cohesión del equipo son la verdadera clave. Como bien matiza María, la figura del catador no responde únicamente a un don genético o a una cualidad innata, sino a un método riguroso. “El catador no depende solo de tener una buena sensibilidad olfativa y gustativa, sino de una formación, práctica y disciplina, al igual que de un trabajo en equipo». En este sentido, subraya que la tarea del responsable de la cata consiste en poner en valor tanto la preparación individual como la homogeneidad del grupo para lograr un panel perfectamente calibrado.
A la hora de guiar al consumidor ante la amplia oferta del lineal, María Fernanda remarca los estándares indispensables para un virgen extra de máxima excelencia, como son los de Oleoestepa, amparados por la Denominación de Origen Estepa. Para ella, no hay margen para la duda: “Debe reunir una calidad físico-química y una calidad sensorial impecable”. La clave para acertar en la compra reside en la pureza y sanidad del fruto: “El consumidor, al probar el aceite, le debe recordar a un zumo de aceituna sana y fresca”.
Esa búsqueda constante de la excelencia se sostiene además sobre una seña de identidad muy clara en Oleoestepa: la sólida presencia de mujeres en los puestos clave de control y análisis. María destaca con satisfacción y orgullo esa constancia: “En mi caso, el papel de las mujeres tanto en el laboratorio como en el panel ha sido elevado, manteniéndose en el tiempo, y haciendo un gran trabajo”.
Como broche a una trayectoria dedicada a salvaguardar la pureza de cada gota, María no duda al sintetizar lo que representa el aceite de oliva virgen extra para ella, definiéndolo no con una sola palabra, sino con una afirmación rotunda y llena de sentimiento: “es un auténtico tesoro de nuestra cultura”.
Porque en la Denominación de Origen Estepa no solo nacen aceites extraordinarios; también hay personas extraordinarias que, con su dedicación y trabajo diario, hacen posible esa excelencia.

